EL NIÑO CELIACO EN LA ESCUELA

Os ofrecemos el segundo artículo de nuestra colaboración con la Revista Mazorca, publicado en su último número:

Hace más o menos un año tuvimos la “fiesta de bienvenida en el cole”. En cualquier otra circunstancia un padre no le daría más importancia: “si podemos, nos quedamos un rato a la salida y ya está”, “qué bien no te llevo merienda y tomas algo allí”… Pero todos sabemos que los padres y madres de celíacos son otros los pensamientos que tenemos: El primero, ¿hay comida de por medio?; el segundo, ¿podrá comer algo?
Indagando un poco más nos enteramos que había un concurso de tapas. Conclusión: Piensa en algo y quédate cocinando hasta las una de la mañana y concursa como el resto de los mortales para que los celíacos del cole puedan participar plenamente.
Hasta aquí una historia creo que familiar para muchos padres y madres de celíacos pero me ha venido a la cabeza porque el grupo de animación que vino este año acabó la fiesta tirando confeti lo que supone una mejora sustancial con la fiesta de bienvenida del año pasado en el que finalizaron su espectáculo tirando ¡harina de trigo a puñados! por encima de los asistentes y de sus tapas sin gluten que habíamos estado haciendo hasta la una de la mañana. 
Ciertamente, tenemos que entender que la celiaquía es muy importante para nosotros y que, para otros, no tanto. Que no se para el mundo porque nuestro hijo o hija sea celíaco. Pero también es verdad que muchas veces, al que no le falta formación necesaria, le falta motivación suficiente.
Cuando se programa una actividad escolar que va a implicar un riesgo para el celíaco porque, por ejemplo, implique comida o materiales con gluten, debemos establecer un diálogo con el responsable de la misma y pasarla actividad por el filtro de las cuatro preguntas:

1. ¿Se puede suprimir la actividad?
Esta es la primera pregunta ¿es necesario hacer la actividad? ¿Es necesario hacer un taller de cocina de “comidas del mundo”? ¿Son los objetivos irrenunciables o no se pueden alcanzar por otros medios? Que no nos argumenten que el niño o nosotros debemos asumir la enfermedad porque esa tarea ya la hemos realizado. A mi modo de ver, es como preparar una actividad de carreras de sacos en un aula donde hay un chico en silla de ruedas, por supuesto que no se van a dejar de hacer pero tampoco hace falta que sean todos los meses. Nuestros niños tienen cinco oportunidades diarias para asumir su enfermedad y para sentirse distintos. No hace falta incluir esto como objetivo pedagógico.

2. ¿Se puede programar con menor frecuencia?
Bien, no vamos a exigir que se eliminen los talleres de cocina de la etapa infantil y primaria pero… ¿se pueden producir con menor frecuencia? Hay talleres de magia, de juegos, papiroflexia, física, matemáticas, de disfraces… No sólo son los talleres, están los bizcochos y caramelos de cumpleaños, las actividades de las AMPAS, los comedores escolares, las visitas a granjas escuelas con merienda… Hay que entender que para muchos padres y madres de celíacos todas estas actividades son fuente de incertidumbre, de estrés y de no poco esfuerzo por lo que sería bueno que se minimizasen.

Pregunta 3: ¿Se puede adaptar la actividad?
Si no se puede suprimir, ni reducir su frecuencia, la siguiente pregunta es ¿se puede adaptar la actividad al celíaco? ¿Se puede utilizar legumbres en vez de macarrones? Pensamos que esta no debe ser la primera opción en la escuela sino que se debe llegar a ésta tras haber contestado a las dos anteriores y la adaptación no puede ser siempre que se traiga el bocadillo, los caramelos, la tarta, la plastilina… Cierto que ganamos en tranquilidad pero no puede ser siempre esta respuesta si buscamos una participación plena e inclusiva y formar a la comunidad en la Enfermedad Celíaca. Las actividades tienen que estar adaptadas al celíaco y no a la inversa. El celíaco puede perder alguna vez, pero no siempre. En alguna ocasión le tenemos que dar la oportunidad de ganar.

Pregunta 4: ¿Se puede contar con personas motivadas y formadas?
Una vez contestadas estas preguntas es importante que padres y profesores trabajen en todo momento, desde la colaboración, en incrementar el conocimiento de la enfermedad celíaca y de sus condicionantes, sin alarmismos ni tremendismos gratuitos, pero sin renunciar a la participación plena del celíaco en la escuela y eso solo se puede conseguir desde la empatía de todos y el respeto hacia la profesionalidad del otro. En este punto tampoco nos vale que sea siempre el padre o madre del celíaco los que se ven obligados a participar en aras de la seguridad. Profesores y tutores deben conocer la problemática de su alumno celíaco y diseñar y supervisar las actividades con seguridad.

Lamentablemente, las limitaciones de espacio nos impiden abordar este tema en toda su extensión y por eso nos hemos centrado en el diseño de actividades. Recientemente la Asociación Celíaca Aragonesa, en colaboración con el Gobierno de Aragón, ha publicado “La Guía del niño celíaco en la Escuela” que nos puede servir de apoyo y que está disponible en su página webwww.celiacosaragon.org.

Síntomas-de-celiaquía-por-edades

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2 Responses to EL NIÑO CELIACO EN LA ESCUELA

  1. Es fundamental que el nino se sienta integrado, que no se le separe de sus companeros a la hora de comer sino que se le vigile los primeros dias, fomentando su propia responsabilidad.

  2. RF says:

    Gracias por tu comentario. Debe imperar la normalidad y el sentido común a la vez que se garantiza la seguridad del alumno celíaco. Desde muy pequeños asumen la responsabilidad de controlar su menú y esa es la mejor de las garantías.

    Un saludo,
    R.

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